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Carta abierta a la presidenta A Su Excelentísima Señora Presidenta de la República
de Panamá, Señora Presidenta: Solo soy un Kuna más que quiere expresarle, lo que siente con lo acontecido en Paya y Púcuru y la última declaración que Usted ha hecho en un medio televisivo. Señora Presidenta, le tengo un gran aprecio. Sé que como mujer es Usted sensible a las voces de su pueblo. Y como madre acude al clamado de su hijo, cuando necesita de Su apoyo. Porque sé que como mujer, su corazón se estremeció con el llanto de un hombre junto a la bandera que usted representa. Le quiero pedir entonces, en nombre de aquellos que no tienen voz, por aquellos que por su analfabetismo no le remitirán una carta. Por la sonrisa guardada en Su memoria de un niño y niña Dule, Emberá, Waunan y Afrodescendiente. Por ellos, he tenido la osadía de escribirle estas líneas. Permítame excusarme antes, por todo el sentimiento Dule que exprese en esta nota. Hace varias lunas atrás, para no decir años, mis padres podían ir a pescar tranquilos al río, salir a cazar al monte y cultivar en las tierras que queríamos. Vivíamos tranquilos. Disfrutábamos de nuestros rituales y ceremonias, del canto de nuestros ancianos en las noches, en la Casa Grande y del canto de la abuela arrullando a un niño o una niña en su hamaca. Nuestro pueblo, no era titulares de los diarios y noticieros en Panamá. Solo éramos un pueblo cerca de la frontera con Colombia. Quizás Usted, nunca hubiera pisado esta parte del territorio panameño, hasta lo acontecido el 18 de enero de los presentes. Una noche de estas tantas, apareció un grupo de hombres y mujeres armados, diciéndonos que querían hacer un cambio en su país, los recibimos con los brazos abiertos, como recibimos a todos los forasteros. Luego vino otro grupo de hombres y mujeres armados, ellos nos dijeron que otro grupo de personas armadas, quería llevar hacia malos caminos su país, a ellos también los recibimos. Pero eso no fue todo, llegaron después hombres armados enviados por el gobierno y nos dijeron que ambos grupos hacían mal a nuestro país y nos protegerían de ellos. A todos ellos, los hemos recibido con el calor que se recibe a un hermano. Algunos con el tiempo empezaron a abusar de nuestra hospitalidad. Nos dijeron que si no éramos amigos de ellos, nosotros seríamos sus enemigos. Nuestro pueblo fue obligado de alguna manera a colaborar con los intereses de estos dos bandos. Si no lo hacíamos, éramos torturados y asesinados. Así fue pasando el tiempo y el gobierno anterior se hizo de oídos sordos como también del Suyo y dijeron que aquí no ocurría nada. Señora Presidenta, ayer usted a declarado preparar un grupo de nuestros hermanos para que ninguno de los grupos armados nos vuelva a molestar. Señora Presidenta, ¿sabe en realidad usted, qué está propiciando? Eso no es bueno para mi gente Señora. Ya nuestros hermanos indígenas de Colombia, sus 85 pueblos y 64 disímiles lenguas, han pasado por esa experiencia, y solo ha traído más luto entre nuestros hermanos indígenas, cientos de lideres han ofrendado sus vidas en el hermano país. Nosotros no necesitamos que nos prepare para usar armas, nuestro pueblo no necesita más muertos. Mi pueblo, Señora Presidenta, necesita pan. Con todo el dinero que le ofrece nuestro amigo del Norte, solo con un diez por ciento, prepararíamos un gran cultivo de yuca, plátano y una gran cría de gallinas, y habría comida para muchas lunas más. Porque mientras a Usted, su Chef, le prepara la cena de hoy con un rico manjar, para dormir tranquila, un niño y una niña han dormido sin ningún pedazo de pan, soñando quizás volver a jugar en el río, recorrer con sus pies descalzos las veredas del pueblo, que se rehusa abandonar. No queremos seguir pariendo hijos para la muerte. Queremos seguir viviendo. Queremos seguir aferrándonos a nuestra Bandera, que a veces parece que no es nuestra. Sabemos que están matando y secuestrando gente aquí en Panamá. Nos preguntamos, todo el dinero que el amigo del Norte le va regalar, ¿a dónde va ir? ¿Con preparar un grupo de jóvenes? ¿Resolverá esto la inseguridad en la frontera? Mientras que cada día nos siguen desplazando aquí en Panamá y en Colombia. Sí, queremos protección, pero no queremos que una comunidad sea el escudo y se sacrifique por una nación. No quisiéramos que volviera a ocurrir lo del 18 de enero. No queremos más guerra, queremos seguir viviendo. Por eso, Señora Presidenta, por todos los niños del Darién, por el Afrodescendiente, por el Emberá, por el Waunan y por nosotros los Dule. Le solicitamos haga un proyecto de vida y no de muerte, preparar a nuestros hermanos para la guerra, no es lo correcto. Es preciso comprender que con eso no resolvemos nada. Es por ello le pido encarecidamente, Señora Presidenta, que escuche las sabias palabras de nuestros ancianos y ancianas, ellos y ellas le tienen mucho que aportar. Nuestro pueblo empobrecido en estos cinco siglos, mucho antes de que este territorio se llamara República de Panamá, ha mantenido casi inmaculada esta región, rica en biodiversidad. Hoy, solo le solicitamos que no se ignore más la voz de nuestro pueblo. No se haga de indiferente de la sonrisa regalada a Usted, por aquella niña que Usted no recuerda su nombre. Por todos los que vivimos en esta tierra y que queremos seguir viviendo en ella. Que el Gran Creador la ilumine. Iguaniginape Kungiler |