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Miedo y dolor en Paya Ataque deja 4 muertos Dos estadounidenses y un canadiense de Discovery Channel fueron secuestrados por los insurgentes JOSE OTERO PAYA, Darién.- Cuatro autoridades indígenas fueron asesinadas y además dos estadounidenses (entre ellos un periodista) y un canadiense fueron secuestrados por la columna de paramilitares colombianos que atacó y saqueó este fin de semana las aldeas fronterizas de Paya y Púcuro, en Darién, confirmaron ayer residentes de estas poblaciones. Uno de los estadounidenses es Robert Pelton, de la empresa televisiva Discovery Channel. Según las versiones de los lugareños, un grupo de 150 integrantes de las paramilitares Autodefensas Unidas Campesinas de Urabá (ACUU) asesinaron el pasado sábado en Paya a Ernesto Ayala, jefe cacique; San Pascual Ayala, segundo cacique, y Luis Enrique Martínez, comisario de esta aldea. “Encontramos los tres cadáveres macheteados y con disparos en la cabeza en las montañas y aún no hemos rescatado sus cuerpos porque el terreno fue minado por los 'paras'”, indicó el lugareño Luis Caicedo. De igual forma se comprobó que los paramilitares le quitaron la vida a Gilberto Vásquez, cacique principal de la población vecina de Púcuro. Su cadáver -con un disparo en la parte de atrás de la cabeza- fue dejado dentro de su casa en esta aldea. Esta misma brigada paramilitar había capturado horas antes a Robert Pelton, periodista estadounidense de Discovery Channel, y a dos acompañantes, Marc Wedever, canadiense, y a una estadounidense no identificada. Migdonio Batista, un corresponsal de la emisora Voz sin Frontera del Darién, que reside en Paya, indicó que los paramilitares, además de asesinar a las autoridades de ese poblado, se robaron todos los enseres que había en el único kiosco del pueblo. También dijo que los hombres armados se llevaron las gallinas, patos y puercos y asesinaron los perros. Al salir del pueblo enterraron explosivos en los caminos para facilitar su huida y evitar ser perseguidos. Víctor Martínez, otro residente, explicó que desde el sábado pasado en horas de la tarde, cuando fueron atacados por los insurgentes colombianos, los moradores no comen nada y solo tienen el agua del río para ingerir y que, después de 48 horas de ocurridos los hechos, la Policía Nacional no se ha apersonado al lugar para brindarles ayuda y protección. La Prensa pudo comprobar que en Paya, dos días después del ataque armado, no había ninguna unidad de la policía fronteriza. Isidro Ayala, cuyo padre fue asesinado en esta incursión, manifestó que los indígenas tuvieron que enfrentarse a los paramilitares con arcos y flechas y con algunos maderos para defender sus ranchos y sus familiares “porque no hay ningún policía en este lugar desde hace dos años”. Paya es una comunidad de 530 habitantes indígenas localizada en las montañas de Pinogana y a unas dos horas a pie del límite fronterizo con Colombia. Después del ataque, en Paya solo quedan unos 50 residentes. El resto se refugió en la comunidad de Boca de Cupe o en las montañas cercanas. En Púcuro, la aldea entera fue abandonada por sus casi 20 residentes. Los paramilitares, al llegar a este poblado, quemaron cinco casas porque no encontraron a nadie y luego asesinaron a su cacique Gilberto Vásquez, que había sido tomado prisionero en Paya.
Paramilitares asesinan y saquean “No se preocupen... contra el pueblo no tenemos nada, pero aquí hay gente que tiene algunas deudas pendientes con nosotros y venimos a buscarlos para darles un escarmiento”, fueron las palabras del comandante de la columna de paramilitares colombianos que atacó Paya (Darién) este fin de semana. Juan Garrido, un poblador de Paya, informó que los residentes se encontraban celebrando el cumpleaños de unos de los familiares del cacique Ernesto Ayala. “Estábamos tomando chicha fuerte, cantando y bailando, cuando a eso de la una de la tarde del sábado 18 de enero, un grupo de hombres armados, con las caras pintadas de negro, con guantes azules, botas de plástico, pantalones militares y con la bandera de Colombia en sus camisas y las iniciales de los 'paras' rodearon el pueblo”, narró. De inmediato los “paras”, dijo Garrido, exigieron la presencia de los caciques y del comisario del pueblo. Se los llevaron a un lugar apartado y luego “escuchamos una ráfagas de balas”. Indicó que “los hombres armados entraron a los ranchos tomaron toda la comida, gallinas, cerdos y un poco dinero que teníamos y se lo llevaron. Alguno de nosotros intentamos hacerle frente con arcos, flechas y maderas, pero los 'paras' nos apuntaron con sus armas y nos obligaron a retroceder”. Además, añadió, “el que parecía su jefe nos dijo: 'no tenemos nada contra el pueblo, pero sí contra algunos de ustedes que ayudan a los guerrilleros y a esos vamos a darles un escarmiento'” . Roberto Ayala, el maestro del pueblo, explicó, por su parte, que por lo menos de tres a cuatro veces por año algunos miembros de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entran al pueblo para acampar, comer, y descansar y no molestan a los pobladores. “Nos tratan bien y nosotros los dejamos entrar sin problemas”, remarcó. Sin embargo, Pablo Cuture, otro residente de Paya, afirmó que los “paras” “piensan que nosotros somos colaboradores de los guerrilleros y por eso nos atacaron y eso nos coloca entre la espada y la pared”. Cuando los insurgentes colombianos abandonaron Paya colocaron explosivos a los largo del sendero para facilitar su huida. Los cadáveres de Ernesto Ayala, San Pascual Ayala y Luis Martínez fueron dejados abandonados en una quebrada a unos 20 minutos del pueblo. Luego se trasladaron a Púcuro, una aldea vecina a una hora camino. En el grupo se encontraba Gilberto Vásquez, el cacique de Púcuro detenido por los insurgentes en Paya, que luego fue asesinado de un disparo en la cabeza cuando los “paras” llegaron a esa aldea y la encontraron vacía. Además quemaron varios ranchos. En tanto, Víctor Alcázar, residente de Boca de Cupe, confirmó que horas antes del ataque a Paya y Púcuro, la misma columna de paramilitares lo tomó prisionero junto con dos estadounidenses y un canadiense que lo habían contratado para servirles de guía en una expedición por la selva del Darién para un reportaje televisivo. Señaló Alcázar que tan solo unos kilómetros después de haber pasado por Paya, el sábado 18 de enero, fueron interceptados por un grupo de 50 paramilitares que tomaron prisioneros a los extranjeros y le exigieron a él que los llevara de nuevo hasta Paya. Afirmó que un grupo se quedó con los prisioneros extranjeros y el resto se dirigió hacia Paya. Luego de atacar la población, también fue obligado a caminar con ellos hacia Púcuro, pero al llegar a este último poblado aprovechó una escaramuza y se evadió de sus captores y pudo retornar a Boca de Cupe y dar aviso a las autoridades de lo ocurrido. En tanto, unos 600 pobladores de Paya y Púcuro lograron llegar hasta Boca de Cupe, distante a unas dos horas de camino, donde se refugiaron en campamentos improvisados que implementó la Policía Nacional. Por otro lado, la Policía intentara llegar este martes a Paya para rescatar los cuerpos de las personas asesinadas. Sin embargo, se conoció que se esperaba la llegada de un grupo de explosivistas que tendrán la labor inicial de limpiar el camino de las minas colocadas por los “paras”. En Boca de Cupe existen unas 500 unidades policiales que se han apertrechado y que se movilizarán hacia Paya, tres días después del ataque. Texto de fotos:
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