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Prólogo del Libro: Yar Burba, Anmar Burba: Espiritu de la Tierra, Nuestro EspirituEl Zoológico de Iguaniginape Kungiler Como el panameño ladino es fundamentalmente de cultura hispánica, es decir, colonial, todas las manifestaciones culturales de los panameños autóctonos las consideran como algo sin valor, extranjeras y raras. Para dicha mentalidad colonizada, los autóctonos son incapaces de crear culturas y lo único valedero que pueden aportar a la nacionalidad ladina es su mano de obra barata y su "exotismo" para el mercado turístico. En el plano literario el caso es igual. Los personajes gunasdule de A la luz del Fogón (1963), de Eustorgio Chong Ruíz, parecen unos débiles mentales que apenas son capaces de harbar un rosario macarrónico de un dialecto castellano embutido de infinitivos y gerundíos, en comparación con los actantes de Agua (1935), de José María Arguedas; de "La Escritura Dios" (de El Aleph, de Borges: 1949); de "Los Advertidos" (de Guerra del Tiempo, de Carpentier: 1956); de Diamantes y Pedernales (1954) y "La Agonía de Rasu Ñiti " (1962), del ya mencionado Arguedas. Es esta medida de exoticidad y fámulo que al panameño autóctono se toma en cuenta, al pertenecer a una clase doblemente insignificante: es minoritario y asimilado; en tanto que en otros países, muchísimos más sesudos que Panamá, el autóctono tiene una función social, participa de las instancias de tomas de decisiones, proponen una ideología nacionalista: es un ser viviente, una figura adulta, un Horno sapiens sapiens. Sin embargo, la nación de los gunasdule, al contrario de la mistificación del nuevo colonizado, es singularmente un pueblo fanático de la poesía cantada, de la poesía como "la creación de la belleza por medio de la palabra", tal como me enseñó en el Colegio Claretiano, de Mercedes de Heredia (Costa Rica), mi profesor de Perceptiva Literaria, el Reverendo Idilio Cuestas C.M.F., de tercer año de secundaria. Hay quienes creen que esta idolatría de los dule por la poesía se debe a su propincuidad con la naturaleza, con el Napguana: la Madretierra. En Dule Nega: la patria de los dule, la poesía se mantiene aún en su estado natural: oral y cantada. Así tenemos que:
Cada uno de estos poetas tiene una función social que de una manera somera podemos describir así:
Es fácil de notar, pues, que la nación gunasdule es un pueblo lo suficientemente evolucionado para ser dueño de su propia expresión. Su literatura está íntimamente ligada a su desarrollo cultural, pero, a su vez, está expulsada de las escuelas estatales como lo está el idioma mismo: el dulegaya, que para la ignorancia es un dialecto. El lingüista inglés Michael West habló de "inlenguage" y de "enlenguage". Términos que traducimos así:
Este fenómeno ocurre sencillamente porque la Comarca de San Blas y las demás naciones autóctonas no son más que colonias de Panamá, Estado, que de cara a las naciones autóctonas cultiva el colonialismo interno. Sólo a unos imbéciles en grados superlativos se les ocurren decir que los "indios" quieren fundar un Estado dentro de otro Estado. °Allá Estados Unidos! °allá el Vaticano! Además cuando un pueblo libra una guerra de liberación lo hace no pensando en crear un Estado dentro de otro Estado, sino para fundar su propio Estado Nacional y Soberano. Esta visión racista tanto de la literatura como del idioma, me apoyo en la tesis del lingüista inglés West, comprueba que el uso simultáneo pero no concomitante ni coordinado de dos lenguas origina un fenómeno de desvalorización de la lengua que se sitúa en un nivel intelectual y social "inferior", en este caso el idioma dulegaya frente al castellano, que es un dialecto del latín vulgar, lo cual entraña fatalmente la degradación del dulegaya, al que se le condena a permanecer en un estado de adormilamiento. Desde el punto de vista de la sociolingüística, el castellano, como lengua del colonialismo interno, sirve para vehicular propagandas erróneas y acaba sustituyendo a la lengua nativa, tal como ocurre en Narganá: "la isla más civilizada". En este contexto, no hay oportunidad para el bilingüismo. De un estado monolingüe pasamos a otro estado igualmente monolingüe. Se nos obliga a chaporrear el castellano para que seamos más obedientes al mandato del patrón, como deseaba el forajido llamado Cristóbal Colón. La historia nos enseña que la política lingüística de España como madrastra patria, era la de implantar el castellano como único idioma en Abya Yala, so pena de tomarse medidas coercitivas contra los hablantes de los idiomas americanos. Esta persecución cultural estuvo en manos de los arzobispos y virreyes. Al hablar del colonialismo francés, al menos Sartre podía traer a cuento el caso de los negros grecolatinos, pero... !qué buen ejemplo es el poeta de Joal, el poetazo Senghor, Léopold Sédar Senghor, el sérére universal, de Senegal,... en tanto que nuestros "asimilados" están más cerca de la... piltrafa que sólo hablan pavadas! No ha sido sino por medio de cuestionamientos y de una búsqueda que nos damos cuenta que la cultura ladina es una cultura de embustes. En algo nos parecemos al Saulo de los Actus Apostolorum. En el capítulo 9:3-6 leemos
Uno de estos iluminados cuya obra empieza ya a ser considerada, es el joven escritor gunasdule Iguaniginape Kungiler. Nació en la ciudad de Panamá el 13 de marzo de 1970. Ya desde su primer libro Ologindibipilele, Caminante y Guerrero, biografía de Simral Colman (colectivo de editores Kunas/Instituto Cooperativo Interamericano, Panamá 1994), demostró su talento afortunado, y ahora, con esta su segunda obra, lo viene a reconfirmar. Si bien es cierto que cada una de las fábulas es originalmente cantada, Iguaniginape Kungiler al prosificar no adopta el cuento original sino que vuelve a crearlo. Por otra parte, guarda muy bien la mise en scéne de una jornada cantada: el Saila canta y después el Argar descodifica para el pueblo que él, el joven escritor, traduce por "apología". En su monografía Literatura oral, el profesor estadounidense Alan Dundes se quejaba de que además de la recopilación de la literatura oral en su contexto, hacía falta una recopilación de una crítica de la literatura oral, esto es la crítica y la interpretación de dicha literatura, que también son transmitidas oralmente. Iguaniginape Kungiler lo ha hecho: Alan Dundes debe estar feliz. Las 18 fábulas recogidas en este volumen comparten una impronta con la realidad de la ecología cultural. Todos los que nacimos y vivimos en San Blas, recordamos que nuestros hogares eran pequeños zoológicos donde a los infaltables perros, gatos, loros, periquitos y gallinas, se les unía la tortuguita terrestre, el mono, la golondrina, la iguana, la ardilla, la tortuga de mar y el ñequeÖ! El día que me recibí de bachiller en letras, mis padres ofrecieron un banquete a la comunidad y en mi natal Uargandup ese día hubo un milagroso ñequecidio para la alegría de todos! Para el caso que nos ocupa, Iguaniginape Kungiler se les ha acercado a los Saila y a los Argar y les ha pedido sus versiones y las ha traducido al castellano. Hasta donde llegan mis conocimientos esta es la primera vez que un autor gunasdule presenta a un público endógeno y exógeno un conjunto sistematizado de narraciones, salvo el caso excepcional del Cuna Cosmology (1978) de Tomás Herrera, ello sin olvidar los reducidos y dispersos materiales que dejaron personalidades como los nunca bien ponderados Guillermo Hayans, Rubén Pérez Kantule y el Reverendo Alcibiades Iglesias. Iguaniginape Kungiler ha sido valiente en su actitud de retornar a las fuentes de las fábulas y de reunirlas en un volumen en una época en que la cultura del gunasdule trata de retomar sus perfiles inconfundibles, porque nuestros espíritus han sido furiosamente zangoloteados y se nos ha bañado con una capa de miasma y alienación para hacernos creer dogmáticamente que la cultura ladina es "superior" a la nuestra, que es raizal; que una canción de salsa vulgar y amorfa o un raegge como El Caramelo, grosero y apoético, sean superiores al tradicional erotismo tropical y satírico de Dad Aran, que a nivel de poesía nada tiene que pedirle al Impubes nupsi valido ... de Caius Petronius Arbiter. "Il faut étre absolutment moderne! ", proclamó el príncipe Arthur Rimbaud, por eso, puedo decir con orgullo que esta es la primera vez en que la estética y la narración de la cultura dule han sido modernizadas con felicidad por un escritor joven, que ha sabido colocarse en un aventajado lugar de vanguardia dentro de la literatura panameña, al crear una obra de indudable calidad típicamente dule, de un salvajismo pulquérrimo y de una insólita sugestión simbólica valedera para cualquier latitud y tiempo. Con este libro Iguaniginape Kungiler ha postulado el aporte que ofrece la nación gunasdule a la literatura general de Panamá, por un lado, y por el otro, a la cultura panameña de tradición colonial y de expresión castellana. A la luz de la sociología de la literatura y de la cultura panameña este libro es novedoso. Hasta ahora el Estado Nacional de Panamá ha estado predicando que el "indio debe integrarse" (como sí el ser autóctono no fuese una categoría ontológica). Por eso el libro ilumina y al mismo tiempo pone en tela de juicio la flaca homogeneidad de la cultura panameña: la auténtica cultura panameña no es homogénea, al contrario, es heterogénea, de allí que nuestro Estado Nacional sea multicultural, multilingüe y multinacional. Entendamos de una buena vez que integración no significa asimilación, integración significa aportar y participar: este es el mensaje más importante de Yar Burba, Anmar Burba: Espíritu de la Tierra, Nuestro Espíritu. Arysteides Turpana Iguaigliginya |