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Una conversación con Don Samuel Morris
(1909-2004)

Lo recuerdo sentado en el muelle, mirando desembarcar un bote que venía llegando de Colón. Su profunda mirada era la expresión de una historia reciente. Su pasión en contar con cada detalle sus vivencias, dibuja en su rostro un gesto particular de estar aún viviéndolas. Era solo su manera protocolar de iniciar una conversación. Las visitas frecuentes que hacia a la casa de mis padres, en Veracruz, me llevaron un poco conocer las historias que su memoria guardaba. Eran horas y horas de conversaciones. Un día le comenté a mi amigo, Herasto Reyes, del diario La prensa, las visitas de mi nuevo amigo que hacia a la casa de mis padres. Le dije lo interesante de sus historias y de su vida, él decidió hacerle una entrevista en Veracruz y yo le serviría de traductor, cosa muy difícil pero necesario. Así que nos propusimos hacer el trabajo. Fue cuando por primera vez lo escuché contar su historia con más ánimo. Los lentes de Álvaro Reyes fotografiaron el rostro del viejo Samuel Morris aquel día.

Era una mañana del 14 de febrero de 1993, una soleada mañana en Veracruz, llegamos a la casa donde vivía y nos recibió con su particular sonrisa, sentado en una hamaca de naylon, común en los ancianos kunas, cuando inician a contar sus historias y para decirnos: “Desde que yo recuerdo, desde mi edad de juventud, comencé a ver las gestiones que hacia el cacique Simral Colman, todavía yo no entendía, eso fue mucho antes que llegará el año 1925. El cacique Colman comenzaba a hacer unas gestiones porque ya en Nargana y en diferentes islas iban introduciendo destacamentos policíacos”. Así inicia el artículo que escribiera en ese entonces el amigo Herasto, que tituló: “Mi recuerdo de la Revolución Kuna”, diario La Prensa, página 6A. Recordaba en ella su participación en la gesta revolucionaria Dule de 1925, de cómo el Saila Colman lo reclutó para que fuera con Dinuidiginya a Ukupseni. Era aún un niño, nos decía..

En otra ocasión, departiendo un café en la casa de mi madre, venía a contarme parte de lo que su memoria recordaba en aquel momento y venía para compartirlo conmigo. Recuerdo que una vez me dijo: “Era yo un niño cuando un día de verano partí con Dinuidiginya, recuerdo que el saila Colman, me aconsejó antes de salir que mi misión era mirar en el cuartel la cantidad de armas y su ubicación. Si, solo era eso. Era yo un niño solamente. En Ailigandi se estaban preparando la flota de personas que venían a dirigirse para nuestra emancipación el lugar escogido habían sido dos: Dad Nakue Dupbir y Ukupseni. Si partimos allá y quizás en ese momento nunca pensé lo que nos esperaba, si yo era muy pequeño”.

Escribo esto porque en el día de ayer, lunes 15 de noviembre, mi madre, conocedora de la gran amistad que manteníamos, me despertó con la noticia que el viejo Samuel había fallecido. La última vez que conversamos fue en Ailigandi, la pequeña tierra insular que lo vio nacer. Me preguntaba de todas las amistades que algún momento compartiera estas historias con nosotros, que en su mayoría eran amigos no kunas y gran parte ellos viviendo en el extranjero. Si, yo era uno de sus grandes admiradores, y si estábamos en Ailigandi, esa era una de las personas que tenían que conocer, mi amigo el viejo Samuel. Quizá no lo conocí como quisiera haberlo conocido, las personas que algún momento conocieron de nuestra amistad, son las que quizás puedan hablar de la amistad que cultivamos, yo en mi corta existencia y él en su largo camino de vitalidad que tuvo.

Hoy solo me queda agradecer al viejo amigo Samuel, por haberme compartido esta parte de tu vida. Son los jóvenes como tu, certeras flechas que anidan para cultivar nuestra memoria conjunta y colectiva. Que el canto del virulí emplumado, el canto de la partida a la patria final, que la entone el cantor y te acompañé a la morada de tus padres y de los camaradas que te antecedieron. Hoy tu pueblo te rinde tributo, porqué gracias a ustedes viejos recios, tercos y aguerrido, nos han legado esta pequeña y angosta tierra que llamamos: Kuna Yala. Hoy tu espíritu viaja a la patria del Gran Creador. Tu voz recorrerá la memoria de este pequeño niño que hoy te mirará recostado en tu hamaca mirando hacia el oriente. Se preguntará ¿quién será el abuelito que yace en esta hamaca?, quizás no lo sepa hoy, pero algún día se enaltecerá tu rostro junto a todos aquellos que lucharon por la identidad de solamente seguir siendo Dule. Entonces este niño llorará tu recuerdo.

Quizás no te acompañe hasta tu última morada, si no que tus recuerdos las tengo grabadas en esta mi pequeña memoria, no tan lúcida como las de los viejos. Pero con la alegría de haberte conocido, reído y llorado contigo en las largas tardes de nuestras conversaciones. Muchas gracias viejo Samuel. Tu amigo de siempre.


Iguaniginape Kungiler
Veracruz, martes 16 de noviembre de 2004.
10:30 a.m.