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WAGNEGDOLA*: LAS DULE URBANAS Y LOS DULE URBANOS “A que esperó en la esquina del barrio que algún día cambiara la cosa” Es domingo. Un fin de semana común de cualquier mes del año. Escucho el rugir de las olas y huelo el olor a sal y sol. Vengo de la playa. Voy caminando por la calle principal de Koskuna a visitar un familiar. Koskuna, queda en Veracruz a veinte minutos de la ciudad de Panamá en coche, es la playa más cercana a la capital y muy frecuentada por los citadinos. Son aproximadamente las seis de la tarde. Hay mucha gente que viene y va camino contrario a la que me dirijo. Una música de regué suena de manera estridente desde una casa, donde un grupo de jóvenes están en el portal, fumando cigarros y bebiendo una botella de licor. Ellos son siete, vestidos a la deportiva, con algún suéter de un equipo de fútbol, baloncesto u otro deporte, unos calzan sandalias sencillas, otros zapatillas de marca. Una fuerte brisa mece el follaje
de un árbol de mango. El viento proviene de la loma, donde se ven las casas aún en construcción. Sigo mi camino y en la esquina me encuentro con varias caras conocidas. Son cinco chicas sentadas, conversando no sé de qué, compartiendo un cigarro entre ellas y cada una con una lata de cerveza. Ellas, me saludan y me dicen enseguida: ― ¿cortando la goma? El día anterior las había visto en la ciudad de Panamá. En una discoteca-bar muy frecuentado por jóvenes dule. Propiedad de un grupo de dule. Las chicas pueden tener entre A qué joven no le gusta pasar un fin de semana en la playa, en el río o en algún lugar interesante. Este momento se convierte en un tiempo propio, personal, sin ataduras en la que se puede hacer casi de todo, por no decir todo. El ocio es una actividad valorado por muchos jóvenes dule y no dule, los cuales esperan que llegue cada fin de semana para salir a la discoteca, a un centro dule o salir a una fiesta que ha organizado un amigo o una amiga. Compartir con las amistades bailando, conversando, bebiendo cerveza, es normal en el circulo juvenil de la ciudad. Esta es una realidad que vive todo joven dule que reside en la ciudad de Panamá o en una barrida dule, sea Koskuna, Booyala, Abyayala, Kuna Nega, Takargunyala, etc. Con esto no pretendo decir que todos los jóvenes dule que viven en la ciudad salen los fines de semana a esa vida nocturna. Muchos otros van a la iglesia, al cine, hacen deporte, asisten a conciertos, colaboran en organizaciones o están en diversas actividades. Tampoco con este escrito pretendo hacer una radiografía general de la población dule juvenil. No. Definitivamente que no. Tampoco quiero juzgar ni justificar esta parte de la sociedad con la que me identifico. Solo quiero ilustrar una realidad latente en esta parte de la sociedad dule urbana: los wagnegdola; para cuestionar y cuestionarme a la vez. El joven dule de la ciudad, hoy en día es muy susceptible a la avalancha y vertiginosa oferta seductora de la “cultura moderna”. Una cultura que sabemos está a la merced de la oferta y la demanda: consumismo. La magia de la publicidad nos vende una identidad prefabricada, portadora de esa cultura, en la cual muchos de nuestros jóvenes nos vemos inmersos, en su forma de vestir, hablar, actuar y hasta de pensar: Friend, si no sabes bailar bachata, no estás en ‘na. ¿Qué? no has salido este fin de semana, ¡que pereza contigo! ¡Brother que pretty tu zapatillas Nike! ¡Que sopa ficha, cómo anda la vaina!, bla, bla, bla. A mí personalmente, me gusta cuando llega el fin de semana, porque es un tiempo único en la que puedo disponer para hacer otras cosas que no he podido realizar en la semana. Así mismo, creo que muchos jóvenes depositan sus mejores expectativas en espera de ese tiempo, ya que pueden hacer de lo rutinario algo extraordinario, conocer otras amistades, estar en otro ambiente fuera de lo cotidiano. Fuera de la atadura y el círculo maternal y paternal o familiar. Nos liberamos. Creamos nuestros propios espacios. Conocemos cosas nuevas. Sobre todo eso: cosas nuevas. Para empezar quisiera recordar que la juventud representa el 17 por ciento de la población mundial. Eso quiere decir que casi una de cada cinco personas tiene entre Pero aparte de todos los problemas que nos agobia en este país, los organismos internacionales han identificado problemas particulares y específicos concernientes a la juventud, desde los desequilibrios económicos de norte y sur (ricos y pobres) hasta los programas de ajuste estructural en nuestros países (privatizaciones, desempleo, seguro social, ajuste fiscal, etc). Solo para que tengamos una visión amplia del asunto que quiero esbozar. Muchas veces lo he planteado y lo seguiré manifestándolo, no tengo cifras para sustentar esto, pero estoy convencido, que más de la mitad de la población dule de Panamá habita en la capital y su periferia. De esa mitad, seguro la mayor parte las componen los y las jóvenes. Lugares que van formando cinturones de pobreza. Donde aparece lo más accesible a ellos: la droga y seguidamente la violencia. A esto no están exentos los adultos. Es más fácil adquirir un gramo de coca o un arma que un vaso de agua, en alguno de estos barrios. También quiero aclarar que esta situación no es exclusiva de estos sectores periféricos y marginales de la ciudad de Panamá, es extensiva inclusive a las colonias de la población más solvente, los adinerados. Así que es una situación que vivimos en todas las clases sociales. Reunidos una vez en la esquina con aquellos chicos y chicas, me preguntaba por qué aquellos jóvenes se dedicaban, por ejemplo, a la venta o al consumo de droga. No tuve que cavilar mucho y la respuesta estaba al frente mío. − Muchos de los jóvenes no tenemos oportunidades de encontrar un trabajo −, me dijo uno. Sin ser conocedor de las sesiones mundiales de foros ni cumbres, me respondió con toda la espontaneidad que caracteriza a los jóvenes su sentir. Pues era una realidad que estaba viviendo. Ciertamente no todos las y los jóvenes indígenas tenemos las mismas oportunidades: son muchos los que no han tenido acceso a la educación, el trabajo, a condiciones dignas de vivienda o de disfrutar el tiempo libre y de ocio creativo, hacedor de nuestra personalidad e identidad. Cuando nos encontramos en alguna de estas barriadas, seguro encontraremos una cancha de baloncesto o fútbol, solamente. En las noches el lugar de esparcimiento será la esquina del barrio, para platicar y compartir con los amigos. Y a espera del fin de semana. Es difícil encontrar un centro recreativo o cultural. Así que pareciera que no hay más opción que la esquina del barrio o la casa de un amigo o una amiga. La mayor parte de nuestros actuales dirigentes dule han sido miembros o han participado en organizaciones deportivas, culturales, sociales y políticos en su juventud. Desde altos dirigentes de los Congresos, Organizaciones No Gubernamentales, grupos estudiantiles y juveniles. Hoy estos dirigentes son los que manejan parte de las políticas de desarrollo social dirigido hacia nuestro pueblo. Quiero aquí particularmente referirme a los dule. En cualquiera de estas organizaciones sean gubernamentales o no gubernamentales están dirigidas por personas que alguna vez han participado en su juventud de estas organizaciones. Decía en alguna ocasión en su informe a
Nuestra realidad es otra. Hoy muchos jóvenes antes que terminemos nuestros estudios tenemos necesariamente que emigrar a la ciudad para seguir estudiando o solamente para venir a trabajar. Es entonces que nos sumergimos en este sistema individualista, donde la solidaridad no tiene espacio. Solo expoliación, explotación y discriminación. Entramos entonces a ser parte del largo cinturón de pobreza. Sin tener acceso a los servicios de salud. Siendo padres y madres adolescentes. Desligados totalmente de nuestro entorno ambiental: Kuna Yala. Para así ser presa fácil de la droga y la delincuencia. Sin haber tenido la oportunidad de vivir plenamente nuestra juventud. Definitivamente los dule de hoy no somos los dule de ayer. Este sistema nos sigue absorbiendo lentamente hasta llevarnos a la muerte y la desaparición. Ayer la historia que contaba el abuelo del ave que se llevó al niño hasta su reino y quiso ser, pensar y actuar como las aves. Es el relato que nosotros los jóvenes estamos viviendo. Al final del relato cuando los dule atraparon al niño entre la bandada de aves. Porque él no pudo volar. Vieron que le iba saliendo alas en sus brazos, garras en sus manos y pies, y plumaje en su cuerpo. Bebía y comía igual que las aves. Llamaron entonces al más anciano de los inaduled (fitoterapeuta o conocedor de las bondades de En este espacio no hay tiempo para acusarnos los unos a los otros (La culpa es de los padres, no, la culpa la tienen los jóvenes) y dejar a rienda suelta esta situación. Los jóvenes de ayer vivieron una realidad diferente a la de nosotros, quizás sus luchas se identificaron más a los asuntos políticos, y es que en el entorno en las que ellos y ellas protagonizaron eran diferentes a las que estamos viviendo los jóvenes en la actualidad. Hoy nuestra sociedad dule ha vivido ciertas transformaciones culturales que no la podemos ignorar. Solo queda en nosotros hacer los aportes que creamos necesarios para enfrentar parte de esta desvinculación cultural. Allí entran entonces, aquellos dirigentes que actualmente están al frente de estas políticas sociales, en los estratos gubernamentales y no gubernamentales y porque no, en los Congresos Generales. Pareciera que no hay otra opción para nosotros los jóvenes, que esperar los fines de semana en un bar o una discoteca de la ciudad. Ya que no tenemos la posibilidad de disfrutar nuestro momento de ocio de manera recreativa y creativa. No se nos brinda ese espacio para soñar y vivificar nuestra identidad. Que no está totalmente perdida.
Aunque el espacio, las estadísticas y la sociología nos dividan entre los dule, insulares, ribereños y urbanos, nuestra realidad es la misma; pero en el fondo nos une nuestra raíz única de ser los nietos y herederos de los venerados ancianos y ancianas: Dad Ibe, Olowaili Iberogun, Kivadiryai, Oloniginyaliler y Narasgunyai, memorias siempre vigentes.
Son las cinco de la tarde de cualquier día del año. En una isla de Kuna Yala. El sol se esconde entre los cerros y montañas de la cordillera. Al fondo se ve el salto del mar y la bruma al chocarse con un arrecife. Un grupo de jóvenes está concentrado en la cancha de baloncesto de la comunidad. Después de haber jugado una birria, el grupo de jóvenes se dirigen a sus casas, para bañarse y cambiarse. En el otro lado de la cancha un grupo de chicas juegan voleibol. Entre risas, saltos y jolgorio, sus rostros cobrizos despiden al sol. El grupo de muchachos se volverá a encontrar en alguna esquina de la comunidad. Caminarán y darán varias vueltas veces en el pueblo. Es una isla pequeña, quizás con menos de setecientos habitantes. Se hará tarde y terminarán conversando en la casa de un amigo, como siempre. Hablarán del día y sus acontecimientos. Fumarán cigarros y marihuana. Los más arrojados buscarán coca en la casa donde todos saben. Le dirán al amigo que evite encontrarse con la boa que luchó la última vez que ingirió eso. Las chicas igual que los chicos estarán en la esquina de la casa de una amiga. Entablarán conversación con algunos de los chicos de la otra esquina. Mientras que el cielo totalmente cubierto de estrellas cobijará a los infantes que dormirán esperando otro día para seguir jugando y seguir soñando. Porqué aún podemos seguir soñando. I. Kungiler Viernes, 16 de septiembre de 2005 Veracruz, Panamá * En dulegaya, el idioma de los dule de Dulenega (Kuna Yala), como preferimos llamarla, y como en casi todos los idiomas indígenas no hay una diferencia de género en el leguaje. Así que para referirnos a las y los dule urbanos(as), se dice simplemente WAGNEGDOLA. [**] Falleció a los 24 años de edad en Koskuna, jugando con un revolver y disparándose, en la madrugada del 11 de septiembre del presente año. |